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Los socios que las Farc encontraron en Putumayo

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Autoridades trabajan para demostrar que La Constru es responsable de más del 65% de los asesinatos que se cometieron en ese departamento en 2014. Son socios estratégicos de los frentes 32 y 48 de la guerrilla de las Farc.

Hace unos días, como una más entre la pila de noticias sobre narcotráfico que se conocen diariamente, se registró la captura de un hombre llamado Héctor Orlando Bastidas. Era común que sus colaboradores o los investigadores judiciales se refirieran a él como El Señor de la B. No era, sin embargo, por la b de Bastidas. Era por la b de Bonito. ¿Por qué le decían así? Nadie sabe. Es su apodo desde pequeño. Pero Bonito creció para liderar la banda que hoy podría ser responsable de casi el 65% de los asesinatos en Putumayo y para convertirse en el principal socio de las Farc en esa región —interceptaciones telefónicas así lo comprueban—. Todo dejó de ser bonito.

Desde hace más de siete años, la Fiscalía y la Dijín empezaron a investigar, no sólo a Bastidas, sino a identificar a todos los que conforman el grupo criminal que él lidera, conocido como La Constru. Para hacerse una idea de su alcance, los investigadores alcanzaron a contar con 10 testigos para armar el expediente; sólo dos están vivos. La mano derecha de Bastidas, un hombre al que le dicen El Paisa, se deshace de quienes considera enemigos descuartizándolos, y ya tiene orden de captura por eso. “Una vez desmembraron a tres hombres dizque porque eran urabeños. De pronto sólo era gente que llegaba a la zona a hacer negocios”, le contó un investigador a este diario.

La Constru, que resultó llamándose así porque los integrantes del grupo solían citarse en “la constru”, un edificio en proceso que había comprado Bastidas, surgió tímidamente luego de que los paramilitares dejaron las armas el 1º de marzo de 2006. Una vez el frente Sur del Putumayo vio su fin —dejando en sus nueve años de presencia unas 2.500 víctimas— los Rastrojos fueron los primeros en intentar “colonizar” el Putumayo. No lo lograron del todo. En esa zona había dos frentes de las Farc que se han destacado por su actividad narcotraficante, el 32 y el 48, y en Bastidas, que había sido condenado por rebelión en el año 2000, encontraron el socio que anhelaban.

Para quienes le siguen la pista a La Constru, no hay lugar a dudas sobre la relación que ha establecido con las Farc con el fin de mover la nada despreciable cifra de dos toneladas de cocaína al mes desde el sur del país hacia Ecuador —recordando así que el asunto del narcotráfico siempre ha sido un lunar en las relaciones entre los dos países—. Interceptaciones telefónicas y entrevistas les han permitido concluir a las autoridades que de esas dos toneladas, una les pertenece a las Farc y la otra a La Constru, y que hombres de confianza de Bastidas se entienden con el segundo del frente 48, un tipo identificado como Norbey, para ajustar cuentas y hacer cobros.

La Constru y las Farc, según han averiguado las autoridades colombianas, se encargan de la droga hasta Guayaquil, de donde saldría para Centroamérica a través de un socio a quien en las llamadas se refieren como El Mexicano. Fiscalía y Policía han establecido que El Mexicano ha pagado con Mini-Uzis y fusiles la droga que recibe. La guerrilla, afirman las autoridades, también le ha vendido armas a La Constru: en una ocasión, por ejemplo, le habrían dado 12 fusiles para la protección de Bastidas. Los investigadores determinaron, además, que de los 20 hombres que conformaban el anillo de seguridad de Bastidas, casi todos eran guerrilleros.

Extorsiones, desapariciones forzadas, asesinatos: es así como La Constru se ha hecho camino. Fiscalía y Policía trabajan para comprobar que de los 242 homicidios que se registraron en Putumayo el año pasado, 160 (más del 65%) los cometió este grupo criminal. Antes se hablaba del 20%. El Paisa, mano derecha de Bastidas, ha ordenado varios homicidios de mendigos y de drogadictos, y hasta 2010 el perfil de la mayoría de integrantes, que no pasaban de ser 30, eran desmovilizados de los ‘paras’; ahora, los casi 130 miembros son jóvenes entre 18 y 25 años que han llegado incluso de regiones lejanas como Montería. Se vuelven sicarios o “comisionistas” —los que venden droga en los pueblos— por un salario que no pasa del millón de pesos.

Con una cédula falsa a nombre de Juan Carlos Pérez, Bastidas consiguió un arma con salvoconducto, un pase y hasta un trabajo —en una empresa fachada, eso sí—. El pasado 21 de enero, en Pitalito (Huila), fue capturado cuando atendía una emergencia familiar. Hasta ahora, por lo menos 50 personas han sido capturadas por su presunta relación con La Constru, pero estos socios de las Farc, que en octubre 4 de 2014 asesinaron a sangre fría a Milena Alvarado, gerente del Banco Agrario en La Hormiga, porque les negó un préstamo, son un problema mayúsculo para los habitantes de una zona tradicionalmente golpeada por la violencia y el tráfico de drogas: el Putumayo.

 

Fuente: El Espectador.

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